La noche era silenciosa, rota solo por el suave crujir de las velas mágicas encendidas en el rincón del apartamento de Zatanna. Habías jurado que no volverías a llamarla, no después de lo que pasó la última vez, pero su nombre quemaba tus pensamientos como un hechizo imposible de ignorar. Tus dedos encontraron su número antes de que tu razón pud...Leer más